Con cierta nostalgia diré que
no escucho radio, no veo televisión y tampoco leo diarios. Sé que suena
descabellado que un futuro comunicador tenga una visión muy pobre de las cosas.
Entonces viene aquí la interrogante, ¿Realmente los medios de comunicación
informan lo que interesa a la población?, la pregunta como que quiere llevar al
escepticismo o simplemente es estúpida.
Los periodistas tienen que
fingir que cada día pasa algo importante,
decía el escritor Argentino Jorge Luis Borges. Más tarde se animaría en
hacer un diccionario para los hombres de prensa. Pero es que da pena en el
fondo el periodismo. Viven pensando que las noticias son: Muertes, violaciones,
saqueos al país, farándula, mentiras de políticos, cortinas de humo o lo que usted
quiera. Es eso lo esencial. O quizá usted verá a algún socio de la prensa
concentrada moverse como pececito en el agua por sus intereses. No miento, me
remito a las pruebas con el titular “El comercio y el monopolio que se viene” La crónica hecha por Eloy
Marchán, reportero del semanario “Hildebrandt en sus Trece” que daba cuenta de
cómo el accionista de El Comercio estaba a punto de lograr el control absoluto
de todo los terminales de almacenamiento de combustible del país. Dudo que sea
el único caso en este país, que cada día se pudre.
Otro de los casos por la que
no veo televisión es porque no quiero tener un lenguaje tan pulcro como de
Javier Velásquez Quesquén, que fue presidente del congreso, y dijo “Teníanos” y
“habíanos” es evidente que en materia de lenguaje nuestro país es maravilloso.
Vivimos ignorando ese tema. Ojalá sea solo mi percepción, pero me doy cuenta
que la radio y la televisión son armas poderosas para la estupidización. Hace
poco leía una columna de un periodista muy reconocido y decía “Si uno
conversa hoy con un joven periodista dará
cuenta que sus paradigmas son espantosos. Hasta Lúcar se le presenta como
ejemplo”
A lo que quiero llegar con
esta columna que arbitrariamente lo vamos a llamar de opinión, es que se
confunde persuasión con manipulación. Son cosas muy distintas retóricamente
hablando. Se ha perdido el respeto por los ciudadanos. El político mediocre y
mentiroso, por ejemplo, piensa que al
pueblo le encanta tragar promesas como esta que fue dicha en Cocachacra “Vamos
a luchar para que la voz de ustedes tenga aquí carácter vinculante ante
cualquier decisión”. Raya con el patetismo esas miserias que emanan de sus
labios los políticos. Una pena patriótica que algún día esperamos (tontamente ) termine. Amén.
Escribe: Ronald Aparicio
Menacho.

8:32
Ronald Fu
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