jueves, 3 de diciembre de 2015




Domingo 23 de febrero, estaba un poco triste, por la falta del fluido eléctrico, por la no atención del comedor universitario y algunos problemas personales, sólo contaba con Cinco nuevos soles, entonces me quedé en mi cuarto, lavé mi ropa, ordené mi cuarto, toqué hasta cansarme la guitarra. Nada me hacía bien, era la hora del almuerzo, la llamada de mi madre peor me puso triste, porque preguntaba si es que ya había almorzado, y mi respuesta fue que ya había comido, pero bueno, de tanto pensar, agarré mi toalla jabón y champú, me dirigí a la ducha y de inmediato me duché para luego salir a la plaza principal de la ciudad de Huaraz, caminé apresurado y estaba por el puente Quillcay, me asomé a una de las ventas de periódicos, y bueno como acostumbro comprar la revista “Hildebrant en sus Trece”, puse una mano en el bolsillo y otra en la cabeza, estaba muy impresionado por las portadas, compré y seguí caminando. Recuerdo que estaba leyendo sobre la crisis en Venezuela, cuando de pronto siento que un sonido de agua se acerca con fuerza a mi cabeza, me moja y también al semanario, me dio mucha cólera, porque de saber que me pasaría eso, hubiera almorzado, pero son costumbres de la tierra noble y generosa de la ciudad de Huaraz.
Un poco ofuscado tragué saliva y seguí caminando por la desordenada avenida Raimondi, cuando de pronto escucho las melodías de la marinera serrana, y vaya cuan hermoso es este baile, el galanteo y la coquetería, no se hace esperar; al fondo vienen muchos barrios, de pronto  reconozco a la quien fue reina del carnaval huaracino el año pasado, moviendo ese pañuelo blanco y una tierna sonrisa, sigue bailando, y por supuesto en la parte del zapateo trata de ganar a su pareja, y luego de los wapidos y silbidos, este barrio se despide de la presencia de los jurados y  de la población; Luego de ello se acerca el barrio de molino pampa, con  2 filas de danzantes, en el extremo derecho las damas con blusa y sombrero  blanco, y sobre ello una especie de pañoleta en la cabeza y en la parte izquierda los varones con pantalón negro, camisa y sombrero blanco y su alforja como buen serrano, comienza el baile al son de la chisca, todos los vecinos le hacen barra y por supuesto eso les da más alegría y entusiasmo para dejar todo en la pista de baile, de un lado para otro agarrados de la mano se ponen a bailar, en el centro traen a una pequeña con su plato, y de pronto se me abre el apetito, porque veo que la niña tiene picante con cuy, ¡que rico!, provocaba ir a pedirle a la pequeña, no creo que sería difícil, pensé. El animador del evento da el anuncio de la bandera amarilla, y es hora de que pasen los muchachos de molino pampa, entonces voy por un costado y la busco a la chica que tenía el plato de cuy, no tenía otra opción que decirle que si me podía vender, porque estaba que me moría de hambre, la chica amablemente me dice que no hay ningún problema, y me ofrece.
 Comiendo mi picante con cuy, me había perdido la presentación del barrio de Shancayan, ellos también tenían platos típicos, lo que más me llamaba la atención era la chicha de jora, después de bailar se ponían a tomar porque la  pesada tablada los dejaba muy cansados, pero ni aun así, seguían bailando, por ahí reconozco a un amigo de la universidad que iba  cargando su chicha de jora en un cántaro, me provoca decirle que me invite, pero bueno me abstengo, mientras tanto, me había olvidado de la hora era casi a las cuatro de la tarde y la lluvia se alistaba para mojar a todos los huaracinos, mientras que en la algarabía de los barrios trataba de olvidar la lluvia, en esta oportunidad , se estaba presentando ya el barrio de Nicrupampa, un joven se acercaba a entregar la pista musical al sonidista, mientras los jóvenes se preparaban para danzar, se había malogrado el grupo electrógeno con la que contaban, y no funcionaba la computadora con la que salía la pista musical pero el micrófono del animador sí, entonces subió el chisquero y se puso a tocar, la gente comenzaba a admirase por la manera como lo hacía, entre tanto apareció también un joven que tocaba la guitarra, vaya que lo hacía con estilo, esos punteos y arpegios iban muy acordes, en ocasiones me ponía nostálgico porque recién estaba aprendiendo a tocar, pero bueno, este barrio a pesar de las dificultades lo había hecho muy bien, todos se iban muy felices y contentos, y también tenía que irme porque el fluido eléctrico retornaba a las cinco de la tarde y tenía que estar a esa hora en el canal, para editar algunas notas informativas, y bueno encaminé ya después buscaría la información de los ganadores…


Ronald Aparicio Menacho.

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